No hay ángeles ni rosas, solo demonios y espinas
La Tierra Oscura. Uno de los seis reinos que pertenecen al Mundo de Abajo no es un lugar siniestro, lúgubre y deshabitado. Cierto es que el color negro predomina en cada pared, tierra o ciudad, sin embargo, se podría considerar como un sitio no muy tranquilo, por sus numerosos visitantes que terminan por hacer permanente su estancia. En el centro, la Montaña Alta y encaramado sobre ella, como si una extensión de su roca fuese, el castillo de la señora de la Tierra Oscura. Zhaliel, el Viento de la Muerte.
Hay tantos tipos de demonios y sirvientes de la oscuridad que necesitaríamos disponer de su eternidad para poder mencionarlos a todos. Zhaliel no era un demonio común, eso era cierto, pero los verdaderos señores oscuros no se preocupaban por su existencia. La causa era de sobra conocida, si los demás demonios buscaban la corrupción, el odio, la destrucción o cualquier otro objetivo considerado como maléfico, Zhaliel tenía el deber de mantener la paz. La paz entre los mundos. El de Abajo, el Mundo de las Sombras; el de Arriba, el Mundo de la Luz, y por supuesto, el mundo Intermedio, dónde la Oscuridad y su némesis combaten por mantener su lugar.¿Realmente pensamos que los límites entre ellos están tan alejados?
Sentada sobre su trono frío, Zhaliel se aburre. ¿Cuanto hace ya que no destruía nada? La época en la que los demonios atravesaban los límites sin cuidado había acabado, por lo tanto su misión era de lo más aburrido para un servidor del mal.Algunos demonios la envidiaban, porque tenía libre permiso para viajar al mundo Intermedio. Claro está, ese deseo estaba unido a los maléficos planes que cada demonio tenía. Zhaliel aseguraba a todos ellos que les cambiaba el puesto en cualquier momento.
Los demonios, al menos aquellos que no eran lo suficientemente poderosos como para confiar en otro sin miedo a la traición, no solían tener una pareja estable.Por ello Khale, el hermano de Zhaliel, era el Señor a su vez de la Tierra Oscura. Ambos títulos se heredaban por lazos de sangre, y si había más de un hermano o hermana estos lo usaban por igual. Khale a diferencia de su hermana era un demonio cuya misión era tentar a las almas de los volubles humanos hacia el abismo. Debido a su necesidad de pasar al mundo humano, jerarquicamente debía obedecer a su hermana, cosa que a veces le divertía y otras le molestaba. Cuando la vio sentada en el trono, no pudo evitar soltar una carcajada sonora que resonó en la habitación. Los ojos rojizos de la demonio le observaron, pero Zhaliel no estaba de humor para soportar sus excentricidades.
Khale se apartó el cabello negro de la cara y tras teletrasportarse elegantemente tras el trono, sonrió. Zhaliel se levantó.
-¿Necesitas algo?
-Divertirme-respondió Khale. Zhaliel sonrió amargamente.
-Busca en otro lugar. ¿O es que deseas divertirte a mi costa?
-Preferiblemente si- Zhaliel empezó a caminar hacia la puerta.
-Si quieres que te permita ir sólo dímelo.
-No me digas que no tienes tiempo - se burló Khale.Zhaliel abrió la puerta.
-Esperaré a que te decidas. Cuando desees hacer algo útil búscame.
Khale observó a su hermana marcharse. Era,sin duda, hermosa, con la piel clara y el cabello del mismo color ébano que él. Llevaba un vestido rojo, su color favorito, llamativo y brillante, al contrario que su carácter, que era seco y frío. Khale sonrió.
-La Señora de la Tierra Oscura es como una rosa roja, con muchas espinas. Pero es algo especial, sólo te das cuenta de las espinas cuando ya la tienes totalmente clavada. Como un dolor suave y tenue que no notas. Como una herida abierta de la que no oyes caer las gotas de sangre- el demonio susurró las palabras que un poeta humano había dedicado a su madre, que tan bien caracterizaban ahora a su hermana. ¿Cuando vería a Zhaliel ser como era antes?Tal vez cuando el cielo caiga.







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