Underlife XII



Furia
Transición

Siempre igual. Pero a pesar de ello, me seguía sorprendiendo una y otra vez que los Ancianos nos dividiesen. Los puros y los mestizos. Eso sobrepasaba mi paciencia. Una parte de mi deseaba ir a la Ciudadela sólo para darle una lección a esos engreídos. La otra (y por supuesto más fuerte) no quería alejarse de Ian. Ya había aprendido en lo que llevábamos viajando que eso no traía buenas consecuencias.

Qué Ian intentase irse por su cuenta no me sorprendió. Estaba en su carácter. De todas formas, esperaba que se tomase más tiempo en decidirlo. Por desgracia, aún seguía siendo algo impredecible, incluso para mí.

Tras un rato buscándole en la mansión, empecé a asustarme. No podía haber sido tan rápido. Vi a Nat salir de su cuarto, y tuve que tragarme mi orgullo para ir a preguntarle.
-¿Viste a Ian?- la chica me sonrió de forma maliciosa.
-Está descansando- dijo, señalando con la mirada su habitación. Suspiré.
-Nat, si  mientes, al menos hazlo bien.
- Eres menos tonta de lo que creía, teniendo en cuenta que has pensado que si supiera algo te lo iba a decir. Pobre Cass, ¿te ha dejado solita?

No sé si servirá como excusa, pero Nat llevaba poniéndome de los nervios más tiempo del que yo esperaba aguantar. Así que la lance contra la pared contraria. Y aun así dicho queda más suave de lo que pasó en realidad.  Me detuve al darme cuenta de que estaba sonriendo. Finalmente había conseguido provocarme.
-Oh, se me había olvidado de con quien hablaba- exclamó con sarcasmo- ¿Desde cuándo te metes con los más débiles? ¿También lanzas a Ian de la misma forma? No quiero ni pensar que le harás a esa pobre humana…
-Dices demasiadas cosas inútiles en muy poco tiempo-respondí, tragándome las ganas de darle una bofetada. Aun así seguía furiosa.

Para mitigar mi enfado, decidí ocupar la mente en algo que nos fuera útil. Y en este momento, lo que más necesitaba era saber cómo era él.

Ian. Había hablado con él un par de veces, nada más. No sabía cómo pensaba, como vivía, cuál era su hogar. Mucho que averiguar. Y yo tenía mucho tiempo libre. Desaparecer ahora sería demasiado sospechoso para mi hermano, quien no tardaría en empezar a buscarme. No, tendría que esperar a mañana, después de las clases, inventando por enésima vez alguna excusa. Me tumbé en la cama, sin darme cuenta de que estaba deseando que llegase el día siguiente.

Seguir escuchando las tonterías de Nat sólo serviría para enfurecerme aún más. Ya se había divertido suficiente. Suspiré y empecé a caminar, a alejarme de aquel pasillo. Pude escucharla reírse de nuevo. Cerré el puño con fuerza. No me gustaba enfadarme de esta manera. No, enfadarme no, Esto no se le parecía. Al pasar delante del espejo del pasillo superior miré mi reflejo. Mis ojos mostraban un odio infinito, pero el resto de mi rostro estaba inalterable. Mi furia aún estaba dentro de mí.  Caminé lo suficiente como para estar lejos de ese lugar. Entonces oí un cristal romperse. Sonreí.

0 comentarios:

Publicar un comentario